La gran desilusión: La cara oculta de la soya transgénica
La implantación de la soya transgénica Round Up Ready (llamado RR), o sea resistente a los esparcimientos del herbicida Round Up producido por Monsanto, ganô Argentina en algunos años. Estas semillas han invadido el mercado en el momento de la crisis financiera argentina de 2001.
Mientras que el cultivo de soya representaba solamente 3700 hectáreas en 1971, los cultivos de oleaginosos pasan a 8,3 millones de hectáreas en 2000, 9,8 en 2001, 11,6 en 2002 para llegar 16 millones de hectáreas en 2007, o sea 60% de las tierras cultivadas, se habla entonces de “soyatizacion del país”. Sobre este total 14 millones de hectáreas están sembradas de soya transgénica RR, lo que representa 37 millones de toneladas cosechadas, de las cuales más de 90% son exportadas, principalmente en Europa y China.
A causa de la crisis económica en 2001, el precio de la tierra ha disparado, lo que ha fomentado a los pequeños propietarios a vender sus tierras y conducido a una concentración de la propiedad de la tierra. De hecho, en un decenio, la superficie media de las explotaciones de la Pampa ha pasado de 250 a 538 hectáreas, cuando el número de explotación se redujo de 30%. Además, 16 millones de hectáreas de tierras cultivables pertenecen a grupos agro-industriales extranjeros.
Eso llevô a una reestructuración profunda del mundo campesino, que pasó de una agricultura diversificada y autosuficiente a un modelo de casi monocultura. De una agricultura tradicional y familiar, los dirigentes argentinos prefirieron sustituirla por un modelo de agricultura industrial e intensivo volteado hacia las exportaciones. A esta época, como lo constata el Secretario de Agricultura, la soya es un salvavidas para la economía argentina amenazada de quiebra. El estado toma un impuesto de 20% en los aceites y de 23% en los granos, lo que representa 10 mil millones de dólares por año o sea 30 %de las divisas nacionales.
Otra incitación a la cultura de la soya transgénica ha sido el rechazo argentino de dejar a Monsanto patentar sus semillas transgénicas, lo que autoriza a los campesinos a volver a sembrar las semillas RR sin tener que pagar de derecho de explotación a la firma de Saint Louis. Para apoderarse de la totalidad del mercado, Monsanto no vacila a vender sus semillas tres veces mâs barato que en Estados Unidos. Estas nuevas semillas han sido consideradas como “milagrosas” por numerosos campesinos argentinos porque permitía ahorrar en los herbicidas, pero también de agotar menos la tierra a través de los esparcimientos demasiado regulares de productos químicos; luego de algunos años de explotación de la soya RR muchos de ellos están desencantado con la realidad.
El retroceso de los cultivos alimentarios.
El empuje de la soya transgénica, y lo que los expertos llaman casualmente “la fiebre del el oro verde”, llevo a una baja en la producción de los cultivos necesarios a la alimentación de los Argentinos. Así que de 1996-97 a 2001-02 el número de explotación lechera ha disminuido de 27%, y por primera vez en su historia Argentina tuvo que importar leche de Uruguay. Por este mismo periodo, Argentina registra un retroceso de 44% de su producción de arroz, de 34% de girasol, de 36% de la carne porcina.
Este movimiento se acompañô de una subida de los precios de los productos de consumo básico, así en 2003 el precio de la harina aumentô en 162%, el de las lentejas en 272% o también el del arroz en 130%. La ironîa de la situación es que los argentinos son fomentados a sustituir por soya , su leche y sus chuletas tradicionales por productos de soya, aunque son parte del patrimonio cultural de su paîs
La “Soya Rebelde”: Hacia la esterilizaciôn de los suelos.
Desde antes de la llegada de la Soya RR de Monsanto, los agricultores argentinos utilizaban cuatro o cinco herbicidas diferentes en una misma parcela, y de los cuales algunos son muy tóxicos como el 2-4D (un componente del “Agente Naranja”, el atrazina o el paraquat (todos de uso prohibido en la Unión Europea). Pero la alternancia entre los diferentes productos impedía a las malas hierbas de desarrollar una resistencia a cada uno de los herbicidas.
Hoy, el uso exclusivo del Roundup llevô a la aparición de biotipos que fueron en primer lugar “tolerantes” al glyphosate: para acabar con estas malas hierbas los campesinos tuvieron al principio que aumentar las dosis de Roundup. Pero luego de la tolerancia llegô la resistencia y la aparición de la “soya rebelde” (o “voluntaria” en Canadá) que se desarrolla cada vez más en la pampa. Antes de la llegada de la soya RR, Argentina consumía en promedio anual un millón de litros de glyphosate, en 2005 consume 150 millones, lo que representa una cresta financiera redituable para Monsanto. El aumento de los esparcimientos de Roundup implica un agotamiento de los suelos porque la flora microbiana, esencial a la fertilidad de los suelos, esta destruidita por el herbicida total.
La esterilización progresiva de los suelos lleva a una baja de rendimiento, lo que empuja a los campesinos a recurrir cada vez mas a los abonos químicos y en consecuencia aumenta el costo de la producción. El argumento de la venta de los OMG para su rentabilidad esta así puesto en entredicho.
Las implicaciones sanitarias y ambientales
Las poblaciones rurales son las primeras tocadas por la degradación de su ambiente por el uso masivo del Roundup. Dos veces por año, los aviones esparcidores, o “mosquitos”, esparcen la herbicida en toda la campiña hasta las puertas de los habitantes. En Argentina, ninguna precaución estâ tomada para disminuir el impacto de la contaminación del glyphosate que afecta el ambiente, el aire, los mantos freáticos y por repercusión la población. Según Dario Gianfelici, medico argentino que trabaja en zona rural: “Con varios colegas de la región, hemos constatado un aumento significativo de las anomalías de la fecundidad, como los abortos espontáneos o las muertes fetales precoces, disfuncionamientos de la tiroides y del aparato respiratorio –como los edemas pulmonares—, de las funciones renales o endocrinas, enfermedades hepáticas y dermatológicas o problemas oculares graves”. Estas observaciones se destacan de la simple revisiôn del terreno y no son pruebas científicas.
Por otra parte, el aumento de las surperficies cultivables de la soya tuvo una repercusión periférica en la deforestación que aumento para liberar más tierras. La región de Santiago del Estero muestra una de las cifras de deforestación mas elevado del mundo con un promedio de 0.81% del bosque arrancado por año, contra 0.23% al nivel planeta. Según Jorge Menendez, director de los bosques al Secretaria al Ambiente, entre 1998 y 2002, son 800 000 hectáreas de bosque en esta región que se fueron como humo para sembrar soya. En el mismo periodo, 118 000 hectáreas fueron derribadas en la provincia de Chaco, y 170 000 en la de Salta. Eso constituye una verdadera catástrofe ecológica para los bosques primitivos que acogen una biodiversidad única en el mundo.
Monsanto vs. Argentina
Para acaparar el mercado de la soya transgenica, Monsanto no vacilo en conceder numerosos privilegios a Argentina, como romper los precios de las semillas de soya RR o la ausencia de patente y el compromiso de no perseguir a los cultivadores que replantaban una parte de su cosecha. Sin embrago hoy Monsanto estâ en conflicto con el gobierno Argentino porque la firma reclama regalîas de la venta y exportación de su soya transgénica. La firma reclama tres dólares por toneladas de grano o de harina de soya a la salida de los puertos Argentinos, o quince dólares a la llegada de las cargas en los puertos europeos. Eso representa para Monsanto una cresta potencial de 160 millones de dólares por año solamente en las exportaciones argentinas con destino a la Unión Europea. A la fecha ningún acuerdo ha sido encontrado entre Monsanto y el estado Argentino.














